Traspasando la normalidad de la adicción
¿Cuando deja de ser normal un consumo o uso excesivo? ¿Aparece en ocasiones en combinación con sustancias?
A pesar de que en las últimas décadas, ha sido creciente la necesidad de considerar la problemática adictiva más allá de las sustancias, las principales clasificaciones diagnósticas en Psiquiatría y Psicología clínica, han preferido ser “prudentes” en este sentido.
No obstante, en la quinta y última edición de la clasificación de mayor alcance en este campo, el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5), realizado por la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) en 2013, ha sido relevante la inclusión, por primera vez, de un capítulo llamado Trastornos adictivos y relacionados con sustancias, el cual distingue:
- Trastornos relacionados con sustancias
- Trastornos no relacionados con sustancias.
Sin embargo, esta última categoría incluye solamente el Juego Patológico o Ludopatía, resultando novedoso el hecho de que, a diferencia de las ediciones anteriores del manual, este trastorno ha dejado de incluirse en el capítulo de los llamados Trastornos del Control de Impulsos, junto con otros trastornos caracterizados por la falta de control de impulsos, como la cleptomanía (robos), la piromanía (provocación de incendios) o la tricotilomanía (arrancamiento de pelo) entre otros, para pasar a formar parte de este nuevo capítulo de Adicciones del DSM-5, donde ha estrenado esta nueva subcategoría denominada Trastornos adictivos no relacionados a sustancias. No obstante, esta nueva edición del manual no menciona explícitamente que esta última subcategoría equivale a decir adicciones comportamentales.
La adicción a Internet o a las nuevas tecnologías, habiéndose detectado una creciente y alarmante prevalencia durante los últimos veinte años, especialmente entre la población infanto-juvenil, no han sido incluidas como adicciones en esta última edición del manual que sirve de referencia a los expertos.
De hecho, otras conductas con marcado potencial adictivo y con fuerte evidencia clínica en este sentido como, por ejemplo, la adicción a Internet o a las nuevas tecnologías, habiéndose detectado una creciente y alarmante prevalencia durante los últimos veinte años, especialmente entre la población infanto-juvenil, no han sido incluidas en esta última edición del manual. Lo mismo ha sucedido con otras conductas que se han observado también de riesgo para el desarrollo del patrón adictivo, como por ejemplo, el sexo, las compras o el ejercicio físico.
Sin embargo, la literatura sí maneja con relativo consenso, los principales signos y síntomas que podrían caracterizar a una persona que pierde el control sobre alguna de sus conductas habituales desarrollando, por tanto, una adicción comportamental.
Se proponen los siguientes criterios generales a tener en cuenta para la detección de la adicción comportamental (Cía, 2013):
- Intenso deseo, ansia o necesidad imparable de concretar la actividad placentera.
- Pérdida progresiva del control sobre la misma, hasta llegar al descontrol.
- Descuido de las actividades habituales previas, tanto las familiares, como las académicas, laborales o de tiempo libre.
- Estas consecuencias negativas suelen ser advertidas por personas allegadas que se lo comunican al adicto, quien, a pesar de ello, no detiene la actividad y se pone a la defensiva, negando el problema que padece.
- Progresiva focalización de las relaciones, actividades e intereses en torno a la adicción, con descuido o abandono de los intereses y relaciones previos, ajenos a la conducta adictiva.
- Irritabilidad y malestar ante la imposibilidad de concretar el patrón o secuencia adictiva (abstinencia) e imposibilidad de dejar de hacerlo, pasado un corto período.
Al igual que en el campo de las sustancias, otro componente habitual en las adicciones conductuales y con mucho peso de cara a la evaluación diagnóstica y la posterior orientación terapéutica, es la escasa conciencia de problema de la persona afectada. Esto responde, mayoritariamente, al fuerte mecanismo de autoengaño del proceso adictivo, camuflado bajo una falsa sensación de control y un intento de aparentar normalidad delante de cualquier observador.
Por otro lado, cabe mencionar que a pesar de que las adicciones con y sin sustancias tienen más puntos en común que discrepancias, sí son reseñables algunos elementos distintivos entre ambos tipos. Uno destacable es el relativo a la co-existencia de múltiples sustancias (politoxicomanía), siendo ésta relativamente habitual en los trastornos por consumo de sustancias (pensemos en una persona que consume cocaína, alcohol y tabaco, por ejemplo). Sin embargo, esta situación de multiplicidad parece que es menos frecuente en el caso de las adicciones conductuales, siendo menos habitual encontrar a un mismo paciente con múltiples adicciones comportamentales, como por ejemplo adicción al juego, al sexo y al trabajo.
Sí resulta relativamente frecuente es la combinación de una adicción conductual con otra u otras a sustancias.
Ahora bien, lo que sí resulta relativamente frecuente es la combinación de una adicción conductual con otra u otras a sustancias. Así, por ejemplo, el juego patológico se asocia principalmente con el tabaquismo y el consumo abusivo de alcohol. Y la adicción al trabajo, por poner otro ejemplo, aparece íntimamente ligada con el abuso de drogas dirigidas a neutralizar el agotamiento ocupacional, como la cocaína y otros estimulantes (Fernández-Montalvo y López-Goñi, 2010).
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