• contactanos@rehably.es
img-Tratamiento de la adiccion a la heroina

Tratamiento de la adicción a la heroína

Tratar la adicción a la heroína es un proceso extenso y laborioso de años de duración en el que participan diferentes profesionales, no sólo sanitarios, dada las connotaciones sociales de la enfermedad. En el aspecto farmacológico, a diferencia de la cocaína, el arsenal es extenso con diferentes alternativas cuya eficacia ha sido puesta a prueba con numerosos estudios en los últimos años. En algunos de estos estudios se ha probado la eficacia de suministrar heroína no adulterada y con una pureza no letal en unas condiciones de higiene adecuadas.

Intoxicación y síndrome de abstinencia

Intoxicación aguda/sobredosis: La presencia de la triada de síntomas característicos orienta definitoriamente el manejo del paciente. Sin embargo, existen opioides como el tramadol, cuya intoxicación puede asociar un cuadro de agitación, elevación de la presión arterial, elevación del ritmo cardiaco y convulsiones. Teniendo en cuenta el efecto depresor sobre la respiración, la primera medida es asegurar la vía respiratoria; por ello hay que poner una mascarilla con oxígeno. La intubación sólo se reserva para aquellos casos en los que hay sospecha de paso de contenido gástrico a los pulmones (broncoaspiración) o ausencia de respuesta al antídoto. Se ha de colocar una vía venosa periférica con el fin de hidratar adecuadamente al paciente con suero salino fisiológico. En el caso de ingesta de comprimidos (fentalino, tramadol, etc...) se aconseja el lavado gástrico combinado con carbón activado y sustancias que aceleren la defecación.

A diferencia de la cocaína, la heroína y opioides, sí tienen antídoto. La naloxona es una sustancia que actúa como un antagonista de los receptores de heroína/opioides, es decir, se une a estos receptores, los bloquea y evita el efecto derivado de su activación. Se administra por vía intravenosa. La dosis se ajusta en base al estado del paciente y al tipo de sustancia consumida (en caso de opioides sintéticos la dosis ha de ser mayor). A mayor compromiso respiratorio más dosis. La respuesta al antídoto suele ser súbita y el paciente se suele despertar de golpe; si no es así, hay que sospechar que la causa de la depresión respiratoria y bajo nivel de conciencia sea otra. Para valorar si hay daño orgánico secundario es necesario solicitar análisis de sangre para descartar rabdomiolisis y daño renal y radiografía de tórax para descartar edema agudo de pulmón. Estas complicaciones precisan de manejo y tratamiento médicos.

A diferencia de la cocaína, la heroína y opioides, sí tienen antídoto. La naloxona es una sustancia que actúa como un antagonista de los receptores de heroína/opioides, es decir, se une a estos receptores, los bloquea y evita el efecto derivado de su activación

Síndrome de abstinencia: Como ya hemos explicado anteriormente se trata de un cuadro molesto y alarmante para la persona que lo sufre pero que no tiene riesgo vital; la única consecuencia que implica es que el craving intenso condiciona nuevos consumos con las implicaciones que ello conlleva. El SAO -Síndrome de Abstinencia a Opiaceos- puede tener dos opciones terapéuticas desde el punto de vista farmacológico: Clonidinina y lofexidina (no comercializada en España); son fármacos que regulan la liberación de noradrenalina y por tanto los síntomas de abstinencia. Su uso está restringido a nivel hospitalario dado que puede producir descensos importantes en la tensión arterial y en el ritmo cardiaco. La otra alternativa está representada por agonistas opioides totales/parciales como la metadona o la bruprenorfina; estos medicamentos son capaces de mejorar el SAO, pero forman parte de un tratamiento de mantenimiento por lo que serán explicados en el siguiente apartado. En resumen, la primera opción se emplea durante un tiempo corto mientras que la segunda opción puede ser prescrita durante meses o años.

Adicción a la heroína: el abordaje terapéutico de esta adicción, como el de cualquiera, es complejo requiriendo un equipo multidisciplinar de profesionales. Normalmente la desestabilización orgánica y el síndrome de abstinencia hacen difícil plantear la psicoterapia desde el inicio. ¿Cómo estabilizamos al paciente? El primer paso es conocer las repercusiones del consumo de heroína -detección de VIH, hepatitis C/B, tuberculosis y afectación de los diversos órganos- y a continuación cesar el síndrome de abstinencia ¿Qué opciones existen?:

A) Metadona

Es un opioide sintético que actúa como agonista. Se empezó a utilizar en los años 60 pero fue sintetizado por los científicos nazis a final de la Segunda Guerra Mundial. Se puede tomar en forma de líquido o comprimidos. La primera es la más habitual es los centros dispensadores.

El tratamiento con metadona ha sido ampliamente utilizado y estudiado. Se ha comprobado su alta eficacia para tratar la adicción a heroína/opioides y reducir las consecuencias derivadas en todos los ámbitos. La metadona NO produce el efecto euforizante y de bienestar de la heroína pero si asocia parte de los efectos secundarios como estreñimiento, disminución del deseo sexual, falta de regla, etc.

¿Cuál es la dosis más adecuada de metadona? Hay que tener en cuenta las características individuales de la persona (presencia de enfermedades, otros tratamientos farmacológicos, reacciones adversas, etc.) pero, en líneas generales, la experiencia clínica nos dice que las dosis superiores a 50 mg al día asocian una mayor continuidad en el tratamiento y un menor porcentaje de recaídas.

El tratamiento con metadona ha sido ampliamente utilizado y estudiado. Se ha comprobado su alta eficacia para tratar la adicción a heroína/opioides y reducir las consecuencias derivadas en todos los ámbitos

Cuando el paciente lleva un periodo de tiempo suficiente sin consumir (no sólo heroína sino también otras sustancias) y presenta una estabilidad psicológica, social, familiar y laboral, los profesionales de referencia pueden plantear una retirada gradual y progresiva en la dosis de metadona. Este proceso ha de ser tomado muy en serio con un seguimiento frecuente y periódico por el riesgo de desestabilización psicológica y recaída.

B) Buprenorfina

Al igual que la metadona es un opioide sintético, pero se diferencia en su acción, es decir, actúa como agonista parcial. Esto quiere decir que se une a los receptores con alta afinidad, pero la activación de los mismos es mucho menor que en el caso de un agonista puro. Inicialmente se empezó a utilizar como analgésico pero Francia, en 1995, autorizó su indicación como tratamiento de mantenimiento para la adicción a heroína u otros opioides. Por tanto, se tiene menos experiencia que con la metadona.

Se suele administrar en forma de comprimidos que han de colocarse debajo de la lengua para ser absorbidos, asociándose con naloxona ¿Por qué? Cuando se prescribía la buprenorfina sola, al principio, algunos pacientes trituraban los comprimidos y se los administraban por vía intravenosa. La naloxona no se absorbe por vía sublingual pero si se administra en vena se precipita un síndrome de abstinencia.

En general, la buprenorfina tiene menos efectos secundarios que la metadona, y su retirada es más fácil. El precio es mayor y la experiencia clínica no es tan extensa, aunque en los últimos 10 años se están realizando bastantes ensayos y estudios.

En general, la buprenorfina tiene menos efectos secundarios que la metadona, y su retirada es más fácil

A parte de agonistas parciales y totales para los tratamientos de mantenimiento existe la posibilidad de utilizar antagonistas -sustancias que se unen a los receptores, los bloquean y evitan los efectos derivados de su activación-. Como vimos anteriormente el antídoto (naloxona) para la intoxicación aguda/sobredosis por heroína es un antagonista. En tratamientos de mantenimiento la naloxona no se utiliza dado que su absorción por vía oral no es la deseable y su duración en sangre es corta.

La alternativa es la naltrexona. Ésta si se absorbe bien por vía oral y dura bastante en sangre; además su potencia antagonista es mayor ¿Cómo se utiliza? Si el individuo ha consumido recientemente heroína/opioides sintéticos la naltrexona los desplaza de los receptores a nivel cerebral y precipita un síndrome de abstinencia; por tanto, no está indicado para estas situaciones sino más bien para aquellas en la que la persona lleva bastante tiempo sin consumir -ya no hay heroína en su cuerpo- pero tiene riesgo de recaída. Como la naltrexona está bloqueando los receptores, no se experimenta la parte beneficiosa del consumo -euforia, bienestar, etc...-. Por tanto la finalidad es que el individuo, al no tener un refuerzo positivo con el consumo, pierda el interés por el mismo y por las conductas asociadas.

En lo referente a la parte psicoterapeuta del tratamiento podemos decir que la terapia cognitivo conductual, en combinación con tratamiento con agonistas opioides, ha resultado ser la que mejor respuesta y resultado tiene.

Contactanos
../../