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Tratamiento de la adicción al juego

RESUMEN

    El juego patológico se asocia con una mala salud general, tanto física (por ejemplo, mayor prevalencia de enfermedad cardiovascular) como mental, con los trastornos por consumo de sustancias, los trastornos depresivos, los trastornos de ansiedad y los trastornos de la personalidad.

    En algunos individuos, otros trastornos mentales pueden preceder al juego patológico y permanecer ausentes o presentarse durante la manifestación del juego patológico. El juego patológico también puede aparecer antes de que debuten otros trastornos mentales, especialmente los trastornos de ansiedad y los trastornos por consumo de sustancias.

    Ludopatía y consumo de alcohol

    La probabilidad de presentar alcoholismo es 23 veces mayor en las personas que presentan juego patológico que en la población general. A su vez, entre el 17% y el 28% de enfermos alcohólicas en tratamiento pueden presentar también juego patológico. Bajo los efectos del alcohol y la cocaína se puede producir un deterioro en la inhibición de respuestas inapropiadas, la capacidad de razonamiento y la asunción de riesgos, que pueden incrementar la probabilidad de apostar y seguir jugando todo lo que tienen a pesar de estar perdiendo mucho dinero.

    Los pacientes que presentan dicha comorbilidad adictiva requieren un tratamiento más intensivo, ya que suelen presentar un mayor deterioro funcional y tienen un peor pronóstico que los que presentan uno u otro trastorno por separado.

    La probabilidad de presentar alcoholismo es 23 veces mayor en las personas que presentan juego patológico que en la población general

    Ludopatía y tratamiento antiparkinsoniano

    En los últimos años han aparecido más evidencias sobre juego patológico, compras compulsivas, sexo compulsivo, atracones de comida y alcoholismo, a los 3 meses del inicio de tratamiento con levodopa u otros agonistas dopaminérgicos, utilizados para el tratamiento de la enfermedad de Parkinson, con las consiguientes consecuencias dramáticas para los propios enfermos y también a sus respectivos familiares, a los cuales se les ha añadido un grave problema a la enfermedad neurológica que ya padecía.

    Entre los pacientes estudiados, la mayoría han iniciado una conducta de juego patológico después del inicio del tratamiento de la enfermedad de Parkinson con fármacos agonistas dopaminérgicos. Algunos habían presentado previamente conductas de juego no patológico y otros debutan directamente cuando empiezan a tomar agonistas dopaminérgicos. La mayoría no responden a los tratamientos convencionales de juego patológico y algunos responden a una reducción de las dosis del fármaco causante.

    Tratamiento

    En la mayoría de los casos, las personas que padecen alguna adicción no siguen ningún tratamiento; sin embargo, es un hecho que las personas que piden ayuda consiguen mejorar su calidad de vida de manera notable. La evaluación psiquiátrica resulta además necesaria para descartar que una conducta de juego pueda ser la manifestación de alguno de los trastornos que se han mencionado antes en el apartado de diagnóstico diferencial.

    En la mayor parte de los casos, las adicciones se abordan desde una perspectiva multidisciplinaria, siendo la terapia psicológica un punto imprescindible y fundamental en la intervención. En cualquier tratamiento, ha de tenerse en cuenta que cada individuo es único y por ello el plan de ayuda será personalizado en cada caso, buscándose siempre ayudarle a restablecer y mejorar de manera sustancial cada una de las áreas importantes de su vida: salud física y mental, relaciones familiares y sociales, trabajo, etc. El profesional, siempre con la colaboración del paciente, cuya motivación será un elemento clave, trabajará sobre diferentes planos todos igualmente importantes: autoestima, control de impulsos, manejo de las emociones, estrategias de afrontamiento, herramientas para prevenir recaídas, etc.

    Para que el tratamiento resulte lo más eficaz posible, la intervención no solo se centrará en el propio sujeto sino que deberá fomentar la presencia de personas de su entorno, como familiares, pareja, amigos, etc. que deberán colaborar decisivamente en el proceso terapéutico. Es de destacar así mismo el papel de las asociaciones integradas por jugadores rehabilitados o en rehabilitación con la capacidad de ayudarse mutuamente desde la experiencia, contando con apoyo de profesionales de la salud mental para atender y manejar aquellas situaciones que escapan al jugador.

    El profesional trabajará sobre diferentes planos: autoestima, control de impulsos, manejo de las emociones, estrategias de afrontamiento, herramientas para prevenir recaídas, etc.

    Actualmente en el tratamiento farmacológico del juego patológico se emplean fármacos pertenecientes a tres grandes grupos: antagonistas opioides (naltrexona, nalmefeno), estabilizadores del ánimo y antidepresivos (principalmente inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, ISRS, cuya evidencia de eficacia no es concluyente y cuyo estará más indicado si existe sintomatología depresiva o ansiosa asociada).

    Resulta relevante tratar las comorbilidades asociadas para la mejora del cuadro en particular y la salud psicofísica del paciente, en relación a lo cual, la selección del tratamiento psicoterapéutico y farmacológico vendrá dada en numerosas ocasiones por dicha comorbilidad.

    Aunque los programas de tratamiento pueden ser similares, basados en una serie de técnicas comunes en todos los casos, es preciso evaluar las características específicas de cada paciente. De modo que al diseñar el plan de intervención conviene disponer de una serie de criterios para determinar la conveniencia de aplicar las distintas modalidades de intervención (individual, grupal, familiar, con tratamiento farmacológico combinado, coordinado con otros especialistas de ámbitos diversos, etc.).

    El objetivo se centrará en:

    • Detener la conducta de juego, por lo que las técnicas conductuales de control de estímulos serán de utilidad en este sentido: control de acceso al dinero, evitación de situaciones de riesgo, autoprohibición o autoexclusión del juego presencial o por Internet, etc. Esto último consiste en inscribirse en una lista compartida por los casinos, para que se deniegue la entrada a los mismos. En el caso de internet en algunas páginas también es posible solicitar que se limite la posibilidad de apostar o de sobrepasar una cantidad determinada de gasto.
    • Aplicar técnicas cognitivas para tratar las creencias irracionales y el pensamiento mágico asociado al juego y la psicoeducación sobre las probabilidades de ganar en el juego de apuesta.
    • Incrementar la confianza con los familiares o las personas significativas del entorno del paciente.
    • Entrenar las habilidades de afrontamiento al estrés y aumentar la autoestima y la capacidad de solucionar de problemas
    • Fomentar las actividades de entretenimiento y ocio alternativas, algo especialmente importante en un programa de deshabituación del juego.

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