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RESUMEN

    Una de las grandes preguntas que se hace la sociedad, respecto a las adicciones y su posible tratamiento es conocer si existe un componente genético que favorece el desarrollo de las mismas. 

    Cada año, son más las personas que se ven afectadas por cualquier tipo de adicción. No existe un patrón específico en cuanto a edad, origen étnico o género que distinga el padecimiento de las adicciones. Sin embargo, es común buscar una explicación científica que respalde la predisposición e índices de vulnerabilidad a este trastorno. De ahí nos llega una de las interrogantes más planteadas en terapias y grupos de apoyo: ¿existe una predisposición genética a la adicción o es simplemente el resultado de factores ambientales y comportamentales?

    Adicción y genética

    La adicción a las drogas, conocida como drogadicción, se refiere al consumo frecuente de sustancias adictivas a pesar de conocer sus consecuencias negativas. Se considera una adicción debido a la dificultad para dejar de consumir estas sustancias, ya que afectan los mecanismos cerebrales que regulan la toma de decisiones y el autocontrol. Además, el uso de drogas ocupa gran parte del tiempo de quienes las consumen. 

    La investigación científica ha arrojado cada vez más luz sobre el papel de la genética en la adicción. Los estudios han demostrado que existe un componente genético para su predisposición. Entender la relación adicción – genética parte del hecho de saber que los genes influyen en la cantidad y el tipo de los receptores del cerebro de una persona, la rapidez con que el organismo metaboliza las drogas y cómo responde a diferentes medicamentos.

    Las drogas de abuso, incluyendo los opioides, actúan sobre el sistema de recompensa del cerebro, un sistema que transfiere señales principalmente a través de una molécula (neurotransmisor) llamada dopamina. La función de este sistema se ve afectada por factores genéticos y ambientales. Un estudio reciente publicado en la revista científica PNAS reveló uno de esos factores genéticos. Los investigadores demostraron que un tipo de virus ARN, el retrovirus endógeno humano-K HML-2 o HK2, se integra en un gen que regula la actividad de la dopamina. Esta integración es más frecuente en personas con trastornos por consumo de sustancias y está relacionada con la drogadicción.

    Por otra parte, la respuesta de una persona a las drogas está vinculada a la neuroquímica de su cerebro. Los genes pueden influir en cómo se liberan y reciclan neurotransmisores clave como la dopamina, que está relacionada con la sensación de recompensa y placer. Esto puede explicar por qué algunas personas experimentan una intensa sensación de euforia cuando consumen drogas, aumentando así el riesgo de adicción.

    Por lo tanto, es importante destacar que cada individuo posee una composición genética única. Algunos pueden tener variaciones genéticas que les hacen más susceptibles a los efectos adictivos de las drogas, mientras que otros pueden tener genes que les proporcionan cierta protección. La influencia del factor genético para el desarrollo de un trastorno adictivo oscila entre el 40% y el 60%, lo que explica por qué algunas personas pueden consumir drogas ocasionalmente sin volverse adictas, mientras que otros desarrollan una dependencia rápidamente.

    Un estudio destacado en este campo es el "Estudio de gemelos de la Universidad de Stanford", que evaluó la influencia genética en la adicción. Los resultados sugieren que los gemelos idénticos, que comparten el 100% de sus genes, tienen más probabilidades de compartir una adicción en comparación con los gemelos fraternos, que solo comparten aproximadamente el 50% de sus genes. Esto implica que la genética desempeña un papel en la predisposición a las adicciones.

    Avances y desafíos de la ciencia

    El estudio sobre las bases genéticas, epigenéticas y neurobiológicas de la adicción permitirá la elaboración de nuevas estrategias de tratamientos focalizadas en la composición genética específica de una persona. Esto se conoce como medicina de precisión. Al conocer la información genómica de una persona, los proveedores de servicios de salud estarán mejor equipados para proporcionar a los pacientes los tratamientos y dosis más apropiados y evitar o reducir al mínimo las reacciones adversas.   

    Sin embargo, es importante señalar que la genética por sí sola no explica la adicción, sino que interactúa con factores ambientales y conductuales.

    Factores genéticos y ambientales

    Cada vez hay más evidencia de que los factores ambientales, como el estrés, pueden inducir cambios epigenéticos que desencadenan trastornos psiquiátricos y drogodependencias. Los cambios epigenéticos se refieren a regulaciones en la expresión génica que no implican alteraciones en la secuencia del ADN, sino que afectan la forma en que los genes se expresan.

    Una situación estresante, como la muerte de un ser querido o la pérdida del empleo, desencadena la liberación de unas hormonas esteroideas llamadas glucocorticoides. Esas hormonas del estrés desencadenan alteraciones en muchos sistemas del cuerpo, inducen cambios epigenéticos y regulan la expresión de genes en el cerebro. Uno de los sistemas afectados es el circuito de recompensa del cerebro. La interacción entre las hormonas del estrés y el sistema de recompensa puede desencadenar el desarrollo de la adicción, así como una recaída inducida por el estrés durante la recuperación de las drogas o el alcohol.

    Más allá de la genética, el entorno en el que una persona crece y vive desempeña un papel fundamental en la adicción. El acceso a sustancias adictivas, la presión de grupo y las experiencias traumáticas pueden influir en el desarrollo de la adicción. Dos individuos expuestos a circunstancias similares pueden reaccionar de forma diferente debido a sus diferencias genéticas y la forma en que enfrentan los desafíos ambientales.

    En conclusión podriamos afirmar que la vulnerabilidad al abuso y dependencias a las drogas nace o deriva de una interacción compleja entre factores ambientales y genéticos. No estamos obligados por tener una predisposición genética a convertirnos en adictos. Para evitarlo, es fundamental contar con un conocimiento responsable sobre los factores de riesgo, crear un entorno propicio y tomar decisiones adecuadas en nuestra vida como miembros de la sociedad. 

    En resumen, la adicción tiene un componente genético, pero no se reduce únicamente a la herencia. Los estudios han demostrado que la genética influye en la susceptibilidad a las adicciones, pero otros factores, como el entorno y las elecciones personales, también desempeñan un papel importante. A pesar de la predisposición genética, la adicción es prevenible y tratable. La detección precoz, la intervención y el acceso a programas de tratamiento eficaces pueden marcar una diferencia significativa en la recuperación de las personas con predisposición genética a la adicción.

     

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